Era Lunes, 12 de marzo del 2011, estaba escrito, marcado con tinta indeleble
de color azul, si, azul, no roja porque ella odia hacer lo que los demás hacen.
Es como una especie de fobia a ser igual a los demás, en fin, el punto que
debía mencionar era ese, que con tinta azul no roja, estaba marcado el día 12
de marzo en su almanaque. En el mismo había una foto preciosa de una asiática
vestida con un kimono, (lo que sugería que era una japonesa del periodo antiguo).
Aquella imagen combinaba
perfectamente con su habitación, es decir, con la mezcla de estilos, gustos y
sentimientos, habían afiches en la pared de color gris de animes, artistas,
músicos clásicos, películas más taquilleras (sus favoritas), pintores, científicos,
en fin… había una enorme claqueta negra hecha a mano en el rincón donde tenía
sus libros apilados, la primera claqueta que hizo y llevó a un proyecto de la
preparatoria.
Ahí era el hipocentro del sonidito
asesino de su despertador, Scream de Tokio Hotel.
Normalmente para despertar le
llevaba como mínimo 15 minutos, pero ese día estaba ansiosa, se levantó a una
velocidad enormemente exagerada, ya que, con la sabana de color durazno
enredada en su pierna derecha, acabó en el suelo.
Su madre tocó la puerta de su
habitación, asomando su cabeza hacia el interior de la misma. Ella dormía con
la puerta abierta, así que, no era necesario como es obvio abrirla antes.
-¡Mariángel! ¡Por Dios niña!,
levántate ya, tienes solo 30 minutos.- dijo reprimiendo una carcajada tras
divisar a su hija completamente desplomada en el suelo sin ánimos de
levantarse.
-¿¡30 minutos!?- exclamó
levantándose con velocidad. –Oh my fuck god- rió luego de correr al armario a
buscar algo de ropa
-deja de maldecir en inglés-
regañó su madre levantando del suelo las almohadas y todo lo que la chica dejó
en el suelo
-bien bien… Oh por mi jodido
Dios- insistió ella, su madre la miró con un sentimiento asesino, ella mordió
su labio inferior y tomó su ropa. –Lo siento-
Vestirse, desayunar, hacer su
morral, maquillarse… peinarse. No tendría que describir cómo es eso, ¿cierto?
Es algo trillado y poco importante. Creo que solo diría que ella es de estatura
promedio, por no decir que sumamente baja, 1.56 centímetros creo que era lo que
medía, tenía el cabello de color oscuro y largo, al ras de sus caderas, y
siempre lo recogía con una cola alta. Era de contextura normal, no muy gorda
pero tampoco esquelética, de pómulos gruesos y labios carnosos.
Mariángel Rodríguez era su
nombre. Prefería ser llamada en ocasiones Mary, y en otras Evelyn y/o Eve,
¿razón?, lo descubrirás más adelante.
Ya lista, cruzó su habitación
apagando la luz luego de salir, miró el reloj que torpemente encajó en su
muñeca derecha luego de acabar de alisar su camisa manga larga de color gris,
la combinó con unos pantalones ajustados y negros, y unas zapatillas oscuras y
medias blancas.
Antes tenía 30 minutos, y ya
habían pasado 40. Conclusión; iba demasiado tarde.
Maldijo entre dientes y comenzó a
casi correr a través del pasillo de su casa, gritándole a su madre que en donde
rayos había quedado su pinza de detalles plateados. Estaba encaprichada con
dicho objeto desde que accedió a él luego de una exhaustiva labor regateando
con un vendedor cualquiera de la feria que hacen a dos cuadras de su casa. Y
desde comprarla, no dejaba de usarla una y otra vez.
Tenía el cabello largo, pero
jamás lo soltaba. Y esa pinza era una de las razones principales.
Su madre gritó desde la plata
baja (ella se encontraba en el segundo piso, donde estaban las habitaciones)
diciendo que estaba sobre el microondas de la cocina, como es lógico, se
dirigió allí a un andar apresurado, exagerado nuevamente y casi acaba en el
piso por segunda vez.
Sin embargo, ahora era por culpa
de alguien quien se había predispuesto a ponerse sus zapatos exactamente al
final de las escaleras.
-Cuidado niña, acabarás quedando
invalida por estúpida- sonrió el mismo. Un chico. Uno que ella conocía
perfectamente.
-¡Demonios Josh!, ¿¡Podrías
quitarte de mi camino!?, acabarás matándome por entrometido, ¿¡Qué haces dentro
de mi casa!?- gritó Mariángel bajando del par de escalones que la separaban del
suelo fijo y menos peligroso.
-Puedo entrar cuando me plazca,
esta casa no es tuya, es de tu madre- inquirió de manera pedante terminando de
ponerse sus zapatos negros aquel chico, que vestía un pantalón de gabardina
negro, una camiseta del mismo color y una chaqueta oscura de cuero al parecer.
Era Jonathan, un casi primo de
Mariángel. ¿Por qué digo ‘casi primo’? por la simple y llana razón de que es
hijo de una ‘casi hermana’ de su madre, ¿por qué ‘casi hermana’? porque su
madre tenía un complejo enorme con esa mujer, había sido su compañera y única
amiga por muchísimos años.
Si, esta familia posee demasiados
complejos. ¿Es más extensa?, puede ser, Mariángel creo que tiene un padre y un
hermano viajando por Europa, ¿viajes de negocios? ¡Claro que no! Uno de ellos
es marinero y el otro desapareció luego de extrañas movidas mafiosas.
Drogas, circos o marinos, sea
cual fuere la circunstancia real, Mariángel enfrentaba la vida junto a su
madre, a solas. Por eso prefiere
decir que su única familia es su madre.
Caminó hacia la cocina luego de
mirar fija y engreídamente al grosero chico recién aparecido. Jonathan Rivas.
Si, esta no es la clase de historia en la que te encontrarás con nombres
extranjeros y/o poco normales, quizás serán los nombres y apellidos más sonados
del planeta debido a que es una historia que se puede decir que viví alguna
vez. Más allá de mi imaginación, es algo sufrido, reído y soñado.
Cada línea saboreada con
anterioridad y analizada con precisión.
Tomó su dichosa pinza, y luego de
tomar un trozo de pan, caminó hacia la salida de su casa seguida de Josh.
Josh y Ángel entonces se
encaminaban hacia la escuela de Arte y Ciencias
Sociales a la que asistían con esperanzas de alcanzar sus sueños. ¿Qué
quién es Ángel? Nada más y nada menos que la caprichosa señorita que había
salido tarde de su casa y que casi moría al correr escaleras abajo. (la razón
por la cual le digo Ángel lo entenderán luego)
-vamos tarde otra vez, señorita
‘llegaré temprano esta vez”- pronunció de manera sarcástica Josh, localizando
su teléfono móvil y concentrándose en su pantalla como siempre acostumbraba.
Era todo un mago con dicho aparato, podía estar viendo redes sociales,
investigando alguna tarea y además estar pendiente de dos conversaciones a la
vez.
Junior, uno de sus amigos, decía
que era brujería. Quizás por lo estúpido o prejuicioso que era según Ángel.
-no tenías porque esperarme, ¿no
podías ponerte tus zapatos con más velocidad?- respondió la chica esquivando la
gente de la acera mientras caminaba con velocidad
Lo normal era que el supiese
contraatacar, no le era muy difícil insultar a la chica, sin embargo, Josh
sorpresivamente se detuvo, y guardó silencio viendo algo en la pantalla de su
celular. Ángel no lo notó, continuó su camino, mientras el chico completamente
impresionado por lo que había leído trataba de volver a su velocidad. Obviando
la aparente sorpresa de él, continuaré hacia lo importante y lo que le urgía
tanto a Ángel, llegar a la escuela.
Fue lo de siempre, la entrada
estaba llena de mucha gente, la escuela tiene una gran matrícula estudiantil,
por lo que no era extraño ver tal multitud, sin embargo, todos se conocían, y
como es normal, había eso a lo de Nani llama, “estatus presiden-idiota-social” era una escuela de artes en
general, por lo que habían chicos de fotografía y modelaje, esa era la
aristocracia particular del lugar, las modelos (no quiero generalizar, no son
todas, pero si la gran mayoría) y los fotógrafos se creían lo más cool que
pueda existir. Luego seguían los de periodismo, que aunque en realidad no era
como para adorarlos, si era como para tenerles miedo, seguían en la escala por
ser los más chismosos, ejercían muy bien su labor… a veces difundiendo la vida
privada de quienes se convertían en sus presas. Ese era un ejemplo claro de que
las paredes tienen oídos.
Seguía el club de teatro, no
todos eran conocidos, solo los que ‘siempre protagonizaban’. Estos por lo
general eran novios de las modelos o los periodistas, como si ser novios de
otros fuese algo sumamente blasfemo. Erick era el nombre de uno de ellos,
rubio, ojos azules y de piel de porcelana, era jodidamente hermoso el idiota,
pero tenía inclinaciones gay. No soy homofóbica ni cosas por el estilo, pero él
me caía mal.
El amigo que tenía, era el típico
Ken de la barbie, en físico y en intelecto. Llegué a creer que era de plástico
hasta la última neurona que tenía. Kristie era la que siempre protagonizaba,
ese trió de charlatanes siempre caminaban o aparecían donde flasheaban las
cámaras de los periodistas del colegio o en cada reunión extraordinaria como
creyéndose de la realeza.
Continuaba el club de pintura y
dibujo, estaba dividido en departamentos; según la inclinación que tenías, es
decir, pintura en oleo, caricatura, manga, etc. Jonathan pertenecía al mismo,
hacía de todo un poco y muy bien, sin embargo, se dedicaba de lleno al dibujo
manga, creo que elaboraba una historia, sin embargo no estoy segura, jamás
quiso mostrar algo.
El departamento de danza seguía,
aunque a decir verdad estaba en el mismo estatus del de pintura y los otros que
siguen, después del teatro, los demás sencillamente estaban en lo más hondo,
según los de neuronas de plástico.
Sigue el de arte audiovisual,
escritores, guionistas y editores gráficos. Aquellos futuros guionistas,
directores de cine y productores. Allí pertenecía Ángel.
-¡Mary! ¡Llegas tarde!- ¿Qué
quién es Mary?, pues Ángel, si, la misma que se llama Mariángel, pero a veces
es llamada Evelyn o Eve.
-Lo siento Nani, ya sabes, 30
minutos no es nada para mí- sonrió apenada
Nani era una gran amiga que ella
poseía. Casi su hermana. Se conocían desde siempre y era dos años menor que
Mary. Era de estatura baja al igual que ella, cabello castaño claro y piel
tostada, era muy linda y delgada, pertenecía al club de teatro en el primer
nivel desde hacía unas semanas y llevaba un bien tiempo en el club de baile.
-lo imagino- rió -¿y dónde está
el degenerado mental de tu primo?-
Con eso se refería a Josh.
Mary miró hacia atrás –no tengo
idea, ahora que lo mencionas-
-bueno, que no esté es solo un
daño colateral, vamos, que tenemos 15 minutos de retraso.-
Esa era la razón por la que
Mary/Ángel/Evelyn iba con tanta velocidad. Junto a Nani que la acompañaba, iría
a inscribirse en una aparente competencia de videos, acostumbraban a hacerla
unas dos o tres veces al año, allí podrías inventar lo que deseases, no habían
límites de imaginación, y ya Mary tenía una idea desde hacía un tiempo.
Llegaron al lugar, hicieron una
fila por unos minutos, y luego recibieron un folleto y una planilla.
-¿30 minutos para recibir solo un
folleto?- se quejó Nani
-no solo un folleto, también una
planilla, un lapicero y dos caramelos de menta-
-¡Perfecto! Y encima me quieren
decir que no me lavo los dientes-
Mary rió.
-no me parece nada gracioso-
-a mi si- dijo Mary tomando el
lapicero y comenzando a llenar la planilla, se acercaron a una mesita que había
en el lugar, mientras los demás llenaban la planilla apoyándose contra la pared
o donde sea.
Concentrada e inspirada en sus
números telefónicos, dirección y esas cosas no se percató de que había un
recién llegado que de seguro le interesaría bastante. Nani había estado jugando
con el folleto que no se había tomado la molestia de leer, supuestamente ahí
estaban las bases del concurso, no le importó, es más, no supo donde lo dejó
luego de que detalló al recién llegado. Sonrió pícaramente y le dio un leve
golpe con el codo a Mary, la misma alzó su mirada y que sonrojó de inmediato.
-Ha llegado tu príncipe azul-
murmuró Nani
-¡Nada de eso! ¡Además no creo en
príncipes azules!-
-¿no? ¿Entonces, verdes?-
-¡Guarda silencio!-
-¡Mira! ¡Mira! ¡No deja de
mirarte!... oh por Dios, sonríe, ¡Te está sonriendo!-
-¡Nani se dará cuenta que estamos
hablando de él!-
-¡No me importa!, se está
acercando, jojo, creo que me iré-
Se alejó un poco de Mary,
saludando al chico y le guiñó el ojo a su amiga antes de desaparecer.
Juro que mataré a Nani.
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